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sábado, 5 de mayo de 2018

El cero y el infinito

Nordald Grieg (2017) Spansk Sommer/Verano español. Segovia: Arqueología de imágenes. 183 págs.
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Hace cosa de un mes, Palinuro tuvo el honor de ser invitado por tres entidades segovianas, Republicanos de Segovia, Círculo republicano Antonio Machado y Segovianos por el derecho a decidir a dar una charla sobre la República y Cataluña. Fue una interesante experiencia hablar para un auditorio poco familiar para mí, pero muy receptivo y reflexivo. Aprendí mucho. El honor se duplicó por ser presentado por Ainhoa Zufriategui, copropietaria con Aku Estebaranz de la empresa de fotografía y editorial Arqueología de imágenes, un proyecto basado en líneas Verkami. Muy interesante en sí mismo como ejemplo de actividad productiva empresarial digital, utilizando las redes como mercado.

Ainhoa y Aku son los editores de este precioso libro que recibí en inmerecido obsequio. Y digo precioso por la forma y el contenido y en los distintos matices del adjetivo. Una edición cuidadísima, en cartoné, con un diseño minimalista y elegante, maquetación agradable, caritativa con el lector. Una pieza única, de colección diría si tuviera afición alguna por ese vicio. ¡Y bilingüe! Los traductores (en este caso traductoras, Cristina Gómez-Baggerthun y Kirsti Baggerthun) tienen que estar muy seguras para exponer a la vista pública el entramado de sus versiones. Este detalle presta al texto un aroma clásico. Cierto es que fotografías hay pocas; antiguas, sí, de los años treinta, casi todas del II Congreso de escritores antifascistas en Valencia, en 1937. Son muy buenas y están muy bien tratadas y, aunque son solo cinco, nos familiarizan de golpe con el aspecto de este escritor, poeta, periodista noruego, que estuvo en la guerra civil española y del que confieso que no sabía nada. Sin embargo, habló en el congreso. Hay una foto y el texto trae también el de su breve intervención.

La cuestión picaba. Grieg (lejano descendiente de Edvard Grieg) estuvo en el Congreso de Valencia y dejó este reportaje en el que habla de primera mano de los bombardeos de Valencia y Madrid y de la batalla de Brunete, que se publicó en Noruega en 1937. Era un periodista y autor respetado y reconocido miembro del Partido Comunista noruego. A partir de entonces, a diferencia de lo que sucedió con otros escritores de filiación comunista en las Brigadas Internacionales o el mentado Congreso, no hubo reediciones ni traducciones y pareció como si a Grieg se lo hubiera tragado la tierra; o la historia. Algo extraño. Y este libro sumamente interesante tiene en parte la clave para descifrar este misterio.

Grieg no solo era miembro del Partido, sino un comunista estalinista a machamartillo. Fue inquieto y nómada desde muy joven, anduvo embarcado y sin embarcar por medio mundo e incluso estaba en China en 1927, justo cuando la matanza de comunistas en Shangay que cuenta en La condición humana André Malraux, que no pisó la ciudad hasta media docena de años más tarde. A la vuelta de los periplos, Grieg profesó comunista y pasó unos años en Moscú a principios de los treinta. Retornó a Noruega como enviado de la IIIª Internacional y se dedicó a defender a capa y espada teóricas los infames procesos de Moscú de 1934 y 1936. De ahí, vino como corresponsal de guerra a España en 1937 en donde estuvo unos meses, desde el Congreso a la batalla de Brunete y siempre moviéndose en el ámbito comunista. Casi todos los personajes con los que habla son estalinistas o próximos a ellos, John Cornford, André Malraux, Ludwig Renn (que había escrito un viaje a pie al Oriente), Neruda, Bergamín, etc. Cuando, habla con las brigadas internacionales lo hace con el batallón Thälman y en la batalla de Brunete mandan los tres generales comunistas de la República, El campesino, Líster y Modesto. Probablemente salió de España de nuevo a Noruega en 1938.

En 1939 se firma el pacto germano-soviético, que determinó el curso de la guerra por venir y provocó una crisis profunda en el movimiento comunista mundial, con una avalancha de deserciones de intelectuales afines al partido. Se publicaron muchos libros del "gran desengaño". El más famoso, el de Arthur Koestler (otro corresponsal de guerra) Darkness at Noon que en España se llamó El cero y el infinito. Fueron tantos los desengañados por el pacto Ribbentrop-Molotov que el propio Koestler y el diputado laborista Richard Crossman recopilaron un libro de ensayos de desengañados de diferentes países bajo el título muy significativo de The God that Failed (El Dios que fracasó). Un acierto porque acabó siendo una canción de Metallica, aunque con espíritu muy distinto.

Uno de los desengañados fue Grieg, que rompió el carné del PC y se dedicó en cuerpo y alma a combatir a los nazis, en contra de las indicaciones del Komintern, primero en las fuerzas armadas de su país y, luego, al ser este invadido por los hitlerianos, en las de la Commonwealth, con sede en Gran Bretaña. Murió al ser abatido su avión (parte de un escuadrón australiano) en una misión aérea sobre Berlín en 1943. Tenía el grado de capitán. Estos datos los he sacado de Wikipedia.

Se explica por qué desaparece de las crónicas y jubileos históricos este joven noruego de claro mirar. Sigue siendo conocido en Noruega, pero muy poco fuera de ella. Se había "desengañado". De hecho, en la época y años posteriores, los desengañados (que fueron docenas y de distintas ocupaciones, desde poetas y literatos a generales soviéticos o miembros de los servicios secretos) tuvieron mala reputación. Es famosa una desgraciada obra de teatro de Sartre, Nekrasov en la que hace burla de los casos de "yo escogí la libertad" o al "servicio de Stalin".

Pero en el caso de Grieg tenía que haber algo más. Y lo había: el propio Grieg, su carácter, su espíritu, de los que da buena cuenta esta breve crónica de unos meses de la guerra civil. Condenado a una vida regalada, atendido por el ministerio de Propaganda, que redactaba los partes para la prensa y alejado de los frentes, Grieg se las ingenia para romper el círculo protector y presentarse en Madrid en manos republicanas, con las brigadas internacionales en La Moncloa y acaba metido directamente en lo más crudo de la batalla de Brunete, en donde la República quiso romper decisivamente el avance fascista sin conseguirlo y a un coste bestial por ambas partes.

Grieg intercala una narración escueta, directa, de los hechos, algunos de extraordinario salvajismo con observaciones y anécdotas de muy diversa índole, así como consideraciones sobre los comportamientos de los hombres en las trincheras. Y, al final él, que había venido como parte de un proyecto comunista, acaba describiendo la monstruosidad de la guerra en términos humanos y hasta poéticos. Su texto describe a la perfección lo que él ha visto, esto es, lo que quería ver: seres humanos combatiendo por la libertad. Justo lo que le había movido a él toda su vida.

Insisto, es un libro precioso.

lunes, 16 de marzo de 2009

Imágenes de la guerra.

El último número de la Revista de Historia Social (nº 63, Fundación Instituto de Historia Social del Centro de la UNED de Alzira-Valencia, 2009) es semimonográfico sobre un asunto novedoso que encuentro de gran interés, esto es, el uso de la información fotográfica y cinematográfica para las tareas del historiador, su condición de documentación historiográfica. El tema se aborda en cuatro estupendos ensayos, uno sobre foto y cine en la guerra civil española, otro sobre el cine en la documentación del Holocausto, un tercero sobre las películas que rodaron los soldados cineastas amateurs franceses durante la guerra de Argelia y el último sobre cuatro películas independientes rodadas por autores "incrustados" en las tropas estadounidenses durante la última guerra del Irak. El número incluye otros artículos de los que también comentaré alguno.

Rafael R. Tranche, (Una nueva mirada: aspectos técnicos y estilísticos de la fotografía y el cine documental durante la Guerra Civil española) sostiene que es en la guerra civil española cuando cabe datar el origen del fotoperiodismo, como puede probarse estudiando el modo en que los adelantos técnicos de la fotografía influyeron en esta materia. En la contienda los medios técnicos eran muy limitados así como la difusión de las obras y aunque había ya cine sonoro apenas se empleó por las dificultades de registro del sonido. Las actividades más frecuentes fueron los noticiarios (p. 83). Lo más característico de los reportajes es el cambio de la relación del fotógrafo con el tiempo del relato. El ejemplo más legendario, la famosa foto de Capa del miliciano abatido en Cerro Muriano (p. 90). Fueron muy importantes las innovaciones en cámaras que se hicieron portátiles (p. 91) y los avances en las emulsiones fotográficas (p. 94). Los noticiarios tienen un aspecto más estático y como más "après le coup", sobre todo en el bando de los sublevados que el autor llama "nacionales" ignoro por qué como no sea porque es el nombre que ellos se daban a sí mismos para no llamarse "insurrectos" (p. 101). Señala el autor en cambio el carácter distinto de los noticiarios que enviaron los dos corresponsales soviéticos, Roman Karmen y Boris Makasséiev entre agosto de 1936 y julio de 1937 con imágenes que se corresponden en tiempo y lugar con los acontecimientos referidos (p. 106).

Vicente Sánchez-Biosca (Sombras de guerra: las imágenes cinematográficas de la Shoah) es un muy interesente trabajo acerca de cómo ha ido cambiando la forma de dar razón cinematográfica del Holocausto. Primero fue lo que llama "la pedagogia del horror", los documentales que ordenaron hacer los ejércitos aliados que liberaron los campos de concentración y exterminio. Tenían tres finalidades, según el autor: a) culpabilización colectiva alemana; b) formulación jurídica de cargos; c) lo que llama la "bulimia" de la mirada, el suministro al consumo de los espectadores, cosa que ilustra con una cita de Susan Sontag (p. 117). Un segundo momento es el "film de montaje", a propósito de La última etapa, de Wanda Jubowska, en 1948 sobre Birkenau en Auschwitz y cuya traducción alemana se encargó a Paul Celan (p. 119). Tercero el que llama "vuelco de la memoria" a propósito del proceso de Eichmann en 1961, que fue como un Nuremberg judío (p. 120). El cuarto, el melodrama con la serie Holocausto (p. 123) y La lista de Schindler (p. 124) con su metarrelato. En quinto lugar, el testimonio y el documento con Shoah, de Claude Lanzmann, en 1985, cuyo tema no eran los campos sino la propia Endlösung. Termina con un film de Alain Jaubert que pasó sin pena ni gloria a causa del resplandor de Shoah, Auschwitz. L'album, la mémoire (p. 131).

Jean-Pierre Bertin-Maghit (Jean Pierre, Maurice, Pierre y los demás... Los soldados-cineastas amateurs en la guerra de Argelia) versa sobre la recuperación de los testimonios cinematográficos que dejaron los soldados que hicieron el servicio militar en Argelia entre 1954 y 1962 y que ponen de manifiesto la capacidad del cine para erigirse en lugar de la memoria (p. 133). Soldados-cineastas con cámaras de 8 mm que luego han depositado sus rollos en archivos en donde pueden consultarse (p. 135). No tienen nada que ver con la propaganda cinematográfica del ejército francés, el "arma psicológica" (p. 139), sino que son escenas de la vida cotidiana de los soldados (p. 141) pero que a veces nos conducen a la guerra (cadáveres en las calles, por ejemplo) porque es inevitable (p. 145). El autor ha hecho también un documental, Maurice, Claude, Laurent y los demás...Memorias de soldados (Argelia, 1954-1962), depositado en la INA como filmación de la memoria (p. 146).

Vicente J. Benet (Documentales sobre la ocupación de Irak: relato fílmico, mediación tecnológica y transmisión de la experiencia) hace una referencia a cómo se incorpora el material cinematográfico al método del historiador y dice que hay que atenerse a cinco puntos: 1) el material supone una mediación tecnológica; 2) se inserta en un marco discursivo (como muy bien se sabe en las teorías de los frames en las ciencias cognitivas); 3) tiene determinada articulación retórica y composición narrativa; 4) las condiciones de reproducción y acceso de las imagenes revelan su función social; 5) requieren una determinada valoración como documentos (pp. 150-152). Con esta quíntuple perspectiva examina el autor cuatro películas hechas por cineastas independientes incrustados en las tropas de los EEUU en la guerra del Irak entre 2003 y 2006: Gunner Palace, Occupation Dreamland, The War Tapes y Baghdad ER (p. 152). Sus conclusiones: 1) en la tecnología los filmes dan una percepción espectacularizada de la realidad; 2) en cuanto al patrón discursivo son documentales de guerra aunque desde los new media; 3) en cuanto a la retórica, las formas discursivas son poco dirigistas; 4) producción y acceso: son filmes independientes; 5) la valoración: tratan de dar una lectura emocional y empática de la posición de los soldados (pp. 166-167).

Como se decía, la revista trae otros artículos de los que los dos que me han parecido más interesantes han sido:

Denise Urcelay-Maragnès (Los voluntarios cubanos en la guerra civil española (1936-1939): la leyenda roja) que detecta una cantidad insólitamente alta de voluntarios cubanos en las Brigadas Internacionales que cuantifica en unos 1056, fuera de toda proporción con los de otros países antillanos y de América Latina en general (p. 41). En cuanto a las razones de este fenómeno propone las siguientes: la frustración de las esperanza después de la independencia y la derogación de la enmienda Platt, primero con la dictadura de Machado (1925-1933) y luego con la de Fulgencio Batista (1934-1959) con especial incidencia en la desilusión a raíz del episodio de Ramón Grau San Martín (1933-1934), esto es, la renuncia a la propia revolución y la salida para España (p. 45), conjuntamente con lo que la autora llama "la construcción de nuevas representaciones de España y los españoles" (p. 49) en lo que intervienen: una nueva formulación del panhispanismo, los flujos migratorios, el rechazo a la penetración estadounidense, la idealización de la nueva España en la guerra civil, con la idea de "las dos Españas" y la apelación a "la Raza" (p. 57).

Francisco Espinosa Maestre (Sobre la represión franquista en el País Vasco) quiere dar cuenta de la llamada "excepción vasca" en la represión franquista que ha estado oculta sobre todo en la historiografía nacionalista a base de rehuir las comparaciones con el resto de españa y de emplear hipérboles cuando se trata de cuantificar la represión en las tres provincias vascas que fue mucho menor que en otros lugares de España por que en Euskadi, como dice el autor "los golpistas aplicaron un baremo represor mucho menos riguroso que el que usaron con los demás" (p. 69) y que contradice el concepto de "doble represión" (p. 68). Para explicar el fenómeno acude a varias hipótesis acumulativas: complicidad de muchos sectores de la población con los sublevados y abundancia de personas que avalaban a los detenidos (p. 72), el acendrado catolicismo del País Vasco, con una iglesia católica que cumplió una función muy distinta a la que ejerció en el resto de España en donde animó y hasta colaboró con la represión. Por último, Franco necesitaba la industria del País Vasco y no podía permitirse exterminar la mano de obra calificada (p. 74).