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viernes, 14 de julio de 2017

El relevo

A ver qué se nos ocurre a la vista de la profecía de La Vanguardia sobre las conclusiones de un órgano, la Ejecutiva del PSOE que aún no se ha reunido. Es lo que se llama estar al día... siguiente. La reunión quiere fijar una actitud común PSOE-PSC con una oferta concreta de negociación al bloque independentista, antes del 1/10. Esto implica que no se pide una renuncia explícita al referéndum. Sin duda, un paso en relacion al PP.

Porque el fondo de la decisión del PSOE de formular su propia vía catalana lo que hay (o debe haber) es un propósito de sustituir al PP en el gobierno. Mientras el PSOE sea la oposición, sus ofertas de diálogo son a calendas griegas. O accede al gobierno con el suficiente apoyo parlamentario o aquellas son inviables. Dependen del acuerdo de una derecha ya decidida a una política de confrontación de la que espera buenos réditos electorales. Son ilusorias. Incluso arrancando de una base de escaso (por no decir nulo) entendimiento como es el rechazo frontal al referéndum con el consabido latiguillo de la legalidad.

Para que el PSOE llegue al gobierno sin que haya elecciones anticipadas, tiene que ganar una moción de censura. Esto solo es posible con los votos de los independentistas catalanes. El punto central de la negociación es este. ¿Pueden ceder ambos en algo? ¿En qué y a cambio de qué? Un hipotético gobierno de izquierda podría gestionar la crisis pactando un referéndum (como esperan nuestros socios internacionales) y negociando tiempo y pregunta. Lo importante de una negociación es que haya propuestas. No necesitan ser perfectas desde el comienzo.

Dos adversarios de cuidado tiene esta propuesta. Uno viene de las filas del propio PSOE. No es seguro que la regeneración democrática impuesta por la rebelión de la militancia se haya transferido a la concepción de España como nación. Solo mentar el referéndum levanta ronchas en sectores del partido. Habrá que estar a lo que decida la Ejecutiva de hoy. Al respecto es bueno recordar que, por compromiso electoral de Sánchez en primarias, estas cuestiones se someterían a decisión de la militancia. Háganlo. Atrévanse. Sometan este plan (u otro parecido que lleve el voto favorable de los indepes) a la decisión de la militancia. Lo que salga de ahí se someterá a la decisión del electorado.

El otro adversario es la derecha. La amenaza de una moción de censura propiciaría una disolución del Parlamento y unas elecciones anticipadas que coincidirán con el referéndum catalán.

El fracaso del gobierno es tan patente y los riesgos que entraña la necesidad de taparlo con algún conflicto de envergadura tan obvios que no se entiende por qué no se ha presentado ya esa moción de censura.

miércoles, 28 de junio de 2017

El triángulo

Las cosas parecen ir rodadas. Sánchez, cuya pegada como líder está sembrando el desconcierto, ya se ha reunido con Iglesias en el comienzo de lo que acabará siendo una unidad de acción del PSOE y Podemos, lo llamen como lo llamen. Es lo lógico y lo que innumerables voces reclaman hace años. La unión de la izquierda. Palinuro ha sido siempre partidario. Incluso propuso una fórmula para resolver el siempre intratable tema catalán, consistente en que orillaran sus diferencias sin eliminarlas. Y ver luego cómo reaccionaría el bloque independentista ante una moción de censura (MC) con Sánchez de candidato.

Desde luego, la propuesta de unidad de la izquierda no se agota en la MC y hasta puede prescindir de ella. Pero, para llegar al gobierno, la izquierda necesita ganarla y esto solo es posible, manteniendo la línea de izquierda, con los votos independentistas catalanes.

Hay otras variantes, sin duda, pero todas tienen peplas. La primera sería una MC apoyada por PSOE, Podemos y C's que tendría una clara mayoría absoluta sin precisar los votos catalanes. Pero parece ser la más improbable, dada la incompatibilidad existente entre Podemos y C's, que sus dirigentes convierten en inquina personal.

La segunda variante sería olvidarse de la MC y seguir la legislatura arbitrando una oposición de "geometría variable". En algunos aspectos la mayoría sería con C's y en otros con los indepes catalanes. Esta opción es en parte la que (salvando el vade retro a Podemos y los indepes) proclamaba como propia el PSOE de la extinta Gestora. Una oposición dura a un gobierno en minoría. Nadie se lo tomó en serio pero la llegada de Sánchez ha cambiado visiblemente las tornas. Esta variante tiene otros inconvenientes. Retrasa el acceso del PSOE y la izquierda al gobierno hasta las próximas elecciones y se abre a un resto de legislatura sobresaltado y probablemente inoperante. En la medida en que el Parlamento fortalezca su posición, el gobierno intensificará su política de enfrentamiento con él, derivando todo lo que pueda a la vía judicial o a la jurisdicción constitucional, desde la posibilidad de vetar la legislación hasta la de suspender las comisiones de investigación que le incomoden, como la de la financiación ilegal del PP.

En realidad, la única unidad de la izquierda con perspectiva de estabilidad, por paradójico que pueda parecer, es la triangular, PSOE, Podemos y el bloque independentista. El obstáculo es el referéndum, contra cuya celebración viene pronunciándose Sánchez siempre que puede. Palinuro, que no es nada original, cree la consulta muy razonable, lo ha creído siempre, como lo cree medio mundo por ahí fuera, incluido el New York Times. El nacionalismo español -ese que, según él mismo, no existe- tiene algún tipo de dificultad congénita para apreciar la conveniencia de una decisión que otros pueblos civilizados y democráticos han tomado en similares circunstancias. 

Cabe aceptar tan lamentable condición pero ello no es óbice para que se recuerde que alguna diferencia habrá de existir entre la derecha y la izquierda en cuanto a la llamada "cuestión catalana". Esa diferencia está clara respecto a Podemos, que acepta un referéndum pactado. No lo está, sin embargo, respecto al PSOE. No aceptar el referéndum es exactamente lo que hacen el gobierno y el PP y C's. Pero el PSOE tendrá que proponer algo más, algún terreno de diálogo y entendimiento que no sea el de la confrontación, la represión, la violencia. Porque, caso de no hacerlo, estará dando la razón al independentismo cuando este plantea la separación de un Estado que ignora y no respeta los derechos y las reivindicaciones de los catalanes. Que no las tiene en cuenta. 

jueves, 15 de junio de 2017

La realidad siempre es interpretable


La moción de censura constructiva es un invento diabólico, pensado para no emplearlo nunca. Se les ocurrió a los alemanes después de la Segunda Guerra Mundial, aterrorizados por la memoria de la inestabilidad parlamentaria de la República de Weimar. Atacaban lo que pensaban que era una de las causas del nazismo. Era un miedo parecido al que les inspiraba la reproducción de la locura inflacionista en los años de aquella República. Del miedo a la inflación desbocada ha salido el Banco Central Europeo, con su sede, claro, en Frankfurt que tiene a la Eurozona en estado de austeridad. En cuanto a la inestabilidad parlamentaria, la moción de censura constructiva (konstruktive Misstrauensvotum) está en el artículo 67 de la Constitución alemana.

De ahí la tomaron los españoles, siempre muy influidos en cuestiones jurídicas por los teutones, casi al pie de la letra en el artículo 113. En los 68 años de vida de la Constitución alemana, la moción de censura constructiva se ha presentado en dos ocasiones: una, para perderla en 1972 (Rainer Barzel contra Willy Brandt) y otra para ganarla en 1982 (Helmut Kohl contra Helmut Schmidt) y ambas tuvieron consecuencias insospechadas, aunque de signo distinto. En España, siempre más papistas que el Papa, en 40 años de vigencia de la Constitución, hemos tenido tres, las tres perdidas: una de F. González contra Suárez en 1980, otra de Hernández Mancha contra F. González en 1987 y esta última de Iglesias contra Rajoy.

De la experiencia española se sigue que, si las mociones de censura se presentan a sabiendas de que no se ganarán reglamentariamente, ofrecerán alguna otra ventaja. La más clara es escuchar otros discursos en el foro público, visibilizar otras posiciones. Una ventaja política considerable en una sociedad en la que la política es electoral y las elecciones se ganan exponiendo los programas propios ante la opinión pública en el Parlamento, en los medios y, si de Podemos depende, en la calle y en la cola del supermercado.

Así que, habiendo fracasado reglamentariamente la moción, tiene efectos políticos de los que ahora se ocuparán los analistas en debates sin cuento, contraponiendo todo tipo de interpretaciones de un episodio que, sin parecerlo, puede haber cambiado sustancialmente el tablero de juego.

Algo, no obstante ha quedado tan claro que escapa a toda relativismo por vía de opiniones. La moción ha revelado una figura política de mucha categoría en la persona de Irene Montero. Su intervención rigurosa, documentada, valiente y sin concesiones ha sido la mejor de todas al modesto juicio de Palinuro. Una enmienda a la totalidad política y moral. Téngase en cuenta que, aunque Montero tiene ya amplia experiencia en intervenciones anteriores, nunca en un pleno extraordinario de estas características. Ha pronunciado una especie de Maiden Speech que fija la carrera y el destino de quien lo hace. Tan contundente ha sido el discurso -en presencia de los ministros, todos con las orejas gachas, no queriendo escuchar lo que estaban oyendo- que sus enemigos, para responder, no han encontrado nada mejor que escudriñar en su alcoba.

Nuevo tablero, es de esperar, abierto a interpretaciones. La más llamativa, la discrepancia en las dos cabeceras de El País (El PSOE tiende la mano a Podemos) y la de Público (Iglesias pierde la moción de censura, pero abre la puerta a crear una alternativa con el PSOE). A lo que parece, las dos manos están tendidas y habrán de encontrarse en algún momento, salvo malévola aporía. Cada medio otorga el protagonismo a su favorito. En El País no gustan nada las nuevas relaciones peligrosas de Sánchez pero el pragmatismo manda. Díaz, su candidata, perdió. La autoridad es Sánchez. Y no se le pueden poner barreras a través de unos editoriales que son verdaderas sangrías de lectores.

En Público se apunta el tanto al equipo de casa y es Podemos quien "abre la puerta". Innecesario recordar que no tendría que abrirla si no la hubiera cerrado cuatro días antes afirmando que Podemos no estaba dispuesto a entrar en coalición alguna con el PSOE porque no quería ser el miembro "júnior". Es un cambio de 180º en un visto y no visto; merece alguna aclaración. Salvo que se haya encontrado una forma de asociación compuesta por dos séniores y ningún júnior, cosa rara. Ya decíamos que la consecuencia política era la alteración del tablero político. Quizá un terremoto, aunque no hasta ese extremo. Ábalos viene reclamando la hegemonía y la primogenitura en nombre de un partido renovado

Podemos presiona ya para que los diputados de la izquierda se pasen las vacaciones negociando la nueva moción de censura en cuanto se abra periodo de sesiones. Vuelve la impaciencia de esta organización que parece aquejada del baile de San Vito y no sé si es lo más acertado presionar a un PSOE que tiene que asentarse, proveerse de su equipo, fijar sus prioridades, recibir un mandato del congreso. Terminar de renovarse.

Pero, además, y sin ánimo de fastidiar a nadie la fiesta, quizá no deba pasarse por alto el hecho de que sin los votos catalanes, la moción no puede prosperar. Es decir, el meollo de esa moción de censura, como todo en la política española, es la llamada "cuestión catalana".

Que cada vez es más claramente la "cuestión española".

miércoles, 14 de junio de 2017

Esa moción de mucha censura y poca moción

Las lectores más veteranas de Palinuro recordarán que este se pasó media legislatura (la Xª, la de la mayoría absoluta de un PP descontrolado) pidiendo una moción de censura (MC). Pero el PSOE estaba entonces en una oposición puramente nominal. En nombre de los “pactos de Estado”, término rimbombante que encanta a Rubalcaba, este impidió que los socialistas fueran oposición real a un gobierno autoritario, depredador, que estaba provocando la fractura de España.

Esa era la obsesión del entonces SG del PSOE, la unidad nacional, en cuyo nombre promovió la Declaración de Granada, embarcando al partido en las procelosas aguas federales y selló con Rajoy un pacto perfectamente inútil pero hosco y amenazador para el independentismo catalán, la Ley de Seguridad Nacional.

¿Cómo iba a presentar MC al PP su más firme aliado? Las consecuencias fueron desastrosas: en 2011, con Rubalcaba de candidato, el PSOE perdía más de cuatro millones de votos y más de cincuenta diputados. Notable despeñarse en un tiempo en que aún no existía Podemos. Rubalcaba terminó su labor de derechización del PSOE y promovió la candidatura de Sánchez a la SG por creerlo firme patriota español, como él mismo. A fe que Sánchez empezó sobreactuando, envuelto en una bandera rojigualda, como un prócer latinoamericano y ofreciendo el remedio de “más España” para los males de España. ¿No quieres sopa? Dos tazas. Al Sánchez de aquella legislatura, acosado por las redes baroniles del PSOE, lo de una MC le sonaba a chino mandarín.

Todo en orden y la Patria a salvo. Pero los cónsules vigilaban y bastó que Sánchez insinuara o diera motivos para sospechar que estuviera insinuando la conveniencia de un diálogo con los nacionalistas (los otros, claro) para que quienes le encumbraron al Olimpo de Ferraz lo arrojaran al profundo Tártaro. Conocemos la función. La encargada de consumar el hecho fue Díaz, empujada a partes iguales por su ambición y su inexperiencia. El frente de conjurados patrióticos (todos presentes en el Ifema como en un sepelio) no se dio cuenta del error de haber amparado esa candidatura hasta que ya fue demasiado tarde.

Quien sí lo hizo, con la celeridad que le caracteriza, fue Podemos. Dio ingenuamente por buenos los vaticinios de los medios de la victoria arrolladora de la candidata al frente del aparato sobre un infeliz afuereño que venía buscando revancha. Un error de cálculo de principiante. Díaz tenía que hacerse con la SG y el PSOE y el PP sellarían una gran coalición a cuenta de Cataluña, lo cual permitiría a los morados mostrar la prueba empírica de su teoría de las “dos orillas”: en una, el bloque de la derecha (PP, PSOE y sus nouveaux nés) y en la otra la verdadera, la auténtica, la única izquierda. Así se vería escenificado en una MC.

Un espectáculo, decía ayer Rajoy en tono despreciativo, como si dijera, un simulacro, de esos que practica él con asiduidad. Claro que la MC es un espectáculo, como los que protagoniza el propio Rajoy cuando comparece en plasma, por ejemplo. La política tiene mucho (no todo) de espectáculo.

Lo extraño es que alguien tan avezado en lo espectacular no previera el giro que tomarían los hechos, cuando el afuereño dubitativo se convertía en una resplandeciente ave Fénix y encandilaba a la militancia, a los votantes y a buena parte de los medios. Al verse ensombrecido, Podemos aceleró la MC y la introdujo en el debate de primarias con el objetivo obvio de arrebatarle protagonismo mediático. Cosa inútil.

Al final, quedaba claro que la MC no era contra el gobierno, pues no se negoció previamente a su anuncio con ningún partido de la oposición, sino contra parte de esa oposición, contra el PSOE, vieja querencia del alma comunista que anida en Podemos. Se lo dijeron todos ayer, incluido, lo que ya es el colmo, el presidente del gobierno, que se lo tomaba todo a beneficio de inventario pues traía escritas las respuestas a unas intervenciones que aún no había escuchado.

Se lo dijeron también los demás, muy señaladamente los catalanes de JxS haciendo ver al candidato que no podían votar a su favor cuando ni él mismo se aclara en las cuestiones básicas del referéndum, el demos y la legalidad de la consulta. Cuestiones sobre las cuales, sin embargo, los anticapis ya han pasado el Rubicón de la unilateralidad. Y cuestiones, también, que ponen de relieve cómo la llamada "cuestión catalana" es, en realidad, la cuesstión española. 

La MC fracasa y no consigue adhesiones. Ni siquiera puede utilizarse políticamente, como hizo Felipe González con la que se enfrentó a Suárez. Al contrario, la conclusión de esta iniciativa es que aquí no ha surgido un líder, ni un partido, ni un proyecto. Rajoy para rato porque no hay alternativa.

Pero sí la hay. Justamente el fragor de la trifulca parlamentaria llegaba a los oídos del apartado SG del PSOE quien, retirado como Cincinato a sus posesiones en Ferraz, espera que la República lo llame para salvarla de un inminente peligro. Y, con él, llame a su partido. A la sombra, pues, hay hoy un líder y un partido que se sitúa en la izquierda y solo está a falta de concretar su programa en el próximo 39 Congreso.

Ese líder y ese partido tienen la obligación política de promover la destitución de Rajoy, como se prometió en las primarias. Por dimisión a instancia propia, mediante reprobación o, llegado el caso, una MC. Pero una nueva. Este es un punto importante en las discrepancias sobre las distintas MC de que se habla. Una de las discrepancias más claras es si se presentan de buena o de mala fe. La de Podemos es de la segunda categoría, pues se presenta sin negociar nada previamente, como una imposición, un trágala, un hecho consumado. Estás conmigo o contra mí. Los de Podemos creen haber hecho bueno ese defecto de procedimiento a base de ofrecer la retirada de su propuesta si el PSOE presentaba una suya, incluso con su candidato.

No entienden que decir a los demás lo que tienen que hacer a base de ofrecerles algo en lo que no están interesados no tiene futuro en la política. Ni en la vida civil. 

lunes, 29 de mayo de 2017

Una moción sin emoción

Como sabe todo el mundo, los relevos en la jefatura de las organizaciones crean vacíos de poder. Mientras quienes se van, se van y quienes llegan, llegan, la organización (Estado, empresa, partido...) tiene que seguir actuando y respondiendo a los requerimientos que se le plantean y que, comprensiblemente, se hacen más acuciantes al pensar sus autores que, en efecto, dan con un vacío de poder y pueden aprovecharlo. Quienes se van, se desentienden y quienes llegan, no saben bien aún en dónde están. 

Dos asuntos se ha encontrado Sánchez a la puerta de su despacho: los presupuestos del PP y la moción de censura de Podemos. En ambos casos la decisión es respetar la que ya había tomado antes el grupo socialista. Si acaso mitigando el "no" anunciado a la moción con una abstención. De inmediato lo han atacado por estar faltando a sus propósitos desde el primer instante, de estar haciendo un "Rajoy". 

Sin embargo, es actitud bastante razonable. Desautorizar a la gestora de golpe y porrazo es precipitado y revelaría inconsciencia. Eso lo ve cualquiera. La cuestión es que la oposición de Sánchez comienza a partir de los presupuestos. Su iniciativa arranca con un compromiso de pedir la reprobación/dimisión de Rajoy y, de no producirse esta, una nueva moción de censura. Ese era el plan y no hay razón para cambiarlo por consideraciones de oportunidad de otra formación, Podemos, que presentó la moción sin consultar con nadie. 

No hay vacío de poder en el PSOE y el congreso próximo promete mucho en punto a los tres elementos que trae la Nueva Socialdemocracia: la sustitución de la derecha en el gobierno (por mocion o elecciones), las relaciones con Podemos y la cuestión catalana.

jueves, 4 de mayo de 2017

La realidad y la ficción II. Podemos

Como sucede con el del PNV, el discurso de Podemos evidencia un abismo entre la ficción y la realidad y comete una injusticia parecida, aunque con distinta víctima. Dicen los del partido morado ser objeto de sostenida, cerrada, agresividad del frente mediático. Forma parte de su relato autojustificativo. "Contra Podemos", suelen decir, "todo vale". Esto parece facultarlos para rechazar las críticas. Sin excepción. Sus contenidos no se examinan. Son falsos por ser críticas que reproducen todos los medios.

¿Todos? Algo de razón quizá tenga Podemos. Por ejemplo, esta infame y vergonzosa noticia del sándwich entre Podemos y la Sexta ha sido reproducida por todos los medios de derecha extrema. No así los medios comerciales más moderados en donde no se encuentra. No parece, pues, haber un frente cerrado de los medios contra Podemos y, desde luego, la Sexta no forma parte de él, como tampoco mucha prensa digital en donde Podemos tiene su propio diario, Público, con un estudio también propio de TV. Tan mal no están. 

El discurso tiene mucho de ficción porque, como puede comprobar cualquiera de buena fe, es Sánchez quien tiene a todos los medios cerradamente en contra de él, incluido Podemos a quien no interesa que Sánchez gane las primarias porque es el único con el que el PSOE puede recuperarse. O, si se quiere, cerradamente contra el PSOE que Sánchez representa ya que el otro, el de la gestora golpista y epistolar tiene en general buena acogida en la prensa, en especial la de derechas. La caudilla en la portada del ABC ha sido definitiva.

Con este ruido de lo icónico y el debate de a quién beneficia o perjudica una imagen suele perderse de vista la cuestión de fondo. Aquí esa cuestión es qué juicio merece la noticia sobre la Sexta. Porque supongo que nadie dudará de su veracidad; nadie dirá que es un montaje, falsa, un fake. Es una grabación de la policía autorizada por un juez en la que se dice que se está haciendo algo que es, en realidad, una variante de la vieja pinza entre Anguita y Aznar contra González en los lejanos 90. No es un delito. Es, simplemente, una inmoralidad. Una inmoralidad de Podemos. 

Anguita reaparece cada vez más detrás de Iglesias y el mensaje del dúo es el mismo: lo prioritario es acabar con el PSOE y ponerse en su lugar. Y, si no es así, que gobierne la dereceha. Envidia, rencor y despecho al mismo tiempo. El disparate de la moción de censura sin apoyos los ha llevado al frenesí de respaldarla en la calle, como si eso le diera mayor peso parlamentario. Está claro que con ella se quiere obligar al PSOE a retratarse apoyando al PP. Al PSOE parlamentario. Pero, por mucha amalgama de los dos PSOE que Podemos quiera hacer, ese discurso fortalece el PSOE callejero, el de la militancia que apoya a Sánchez.

Es decir, en su ceguera contra el PSOE, Podemos ayuda a la recuperación del partido que quiere destruir.  No hay ficción que pueda eludir esta realidad.

sábado, 29 de abril de 2017

Una poción de moción

Como si de un tósigo se tratara, el anuncio de la moción de censura (MC) ha trastornado de tal manera los espíritus de los socialistas de obediencia gestora que cabe temer por su equilibrio anímico. "Numerito", "irresponsable", "figurón", "se cree que los demás somos tontos". De todo se oye y se lee, como una especie de airada y furiosa protesta, manifestación obvia de que el anuncio ha caído como una bomba. Una bomba tóxica.

Sin duda hay en la forma de anunciar elementos personalistas que los críticos elevan a narcisistas. Pero lo de menos son las formas. Lo que importa es el fondo. La MC pone al PSOE parlamentario en una posición ridícula, teniendo que convertir su púdica abstención en un respaldo activo del gobierno. A su vez, si Podemos hace o no un órdago a la chica, como he leído por ahí es indiferente. Lo que ha hecho es cerrarse el camino de vuelta. Reúne los requisitos: número de firmantes y candidato. La aceptación es automática. Solo puede pararse si Podemos no la presenta. Pero eso sería un patinazo político serio.

Por ello Podemos está obligado a presentar la MC en plan sietemachos, responsabilizando al PSOE y a C's de la continuidad de Rajoy, el PP y la corrupción. El que parece haberlo entendido a la primera es ese mismo PP que, por boca de su portavoz, Hernando, con ese aspecto de duro de película de Chicago años 30, lo ha llevado al terreno habitual de "eso no me lo dices en la calle". Y quédense de momento aquí las cosas, aunque no es mala entrada para una moción que se llama constructiva. Una pelea de gallos.

La cuestión es si quienes hablan sobre la figura han calibrado bien su alcance. La MC no se presenta para ganarla, eso está descartado. Por si acaso, PSOE y C's han corrido a oponerse. Lo importante es el debate mismo, que da tiempo ilimitado de intervención a los defensores de la moción y limita el de los demás grupos parlamentarios (incluido el del gobierno) a media hora y diez minutos más de réplica. Podemos dispondrá por tiempo ilimitado de la tribuna del Parlamento y todas las conexiones mediáticas convencionales y digitales para plantear una enmienda a la totalidad del país. Esa es la funcionalidad propagandística de la MC y lo que tiene al borde de la histeria al socialismo de la abstención.

Luego están las interpretaciones, a las que todos tenemos derecho. Leo que la MC es un intento de Iglesias de torpedear la candidatura de Sánchez porque no le interesa que este sea SG, ya que recuperaría voto refugiado en Podemos. Desde luego, si Sánchez gana las primarias, lo más probable es que el voto de Podemos baje. Suponer que este sea el motivo "verdadero" de la MC es ya otra cosa. Por supuesto, las motivaciones humanas son tan inexcrutables como las divinas, pero es muy difícil ignorar que la consecuencia inmediata de la MC es triturar el grupo parlamentario de la gestora y, por tanto, de la candidatura de Díaz. Por eso ha reaccionado esta por sevillanas.

Si la MC está orientada en contra de Sánchez, hipótesis no descartable aunque improbable, va a darse de bruces con el muro de que beneficia a ese mismo Sánchez, haga lo que haga el que la ha presentado. Su discurso, el discurso del candidato, sin límite de tiempo, irá orientado en contra del PP en todos sus aspectos y, asimismo, en contra del PSOE. Y ese ataque al PSOE solo puede ser de dos formas: a) reconociendo que hay una diferencia entre el PSOE parlamentario, colaborador del PP, y el de la militancia, que sigue siendo partidaria del "no es no"; b) no reconociéndolo, haciendo una amalgama con los dos espíritus socialistas y atacándolos como si fueran uno solo. En el caso a) será un respaldo al proyecto de recuperación del PSOE en la izquierda de la candidatura de Sánchez. En el caso b) encenderá más la voluntad de la militancia de apoyar un proyecto de recuperación de un PSOE de izquierda democrática, esto es, de nuevo en beneficio de la candidatura de Sánchez. Algo legítimo, por lo demás, por cuanto se le devuelve lo que es suyo, ya que fue él quien abrió el camino al iniciar la semana pidiendo la dimisión de Rajoy.

También cabe la posibilidad, muy a tono con el espíritu último de Podemos a mi entender, de que la MC vaya orientada contra el conjunto del sistema o eso que a veces llaman "el Régimen". Pero, vaya contra lo que vaya la MC, muy curiosas habrán de ser las intervenciones tasadas de los demás grupos parlamentarios, especialmente el socialista. Y eso si las hay porque pueden renunciar a ellas y mantenerse en silencio. 

Vaya, que Pablo Iglesias ha entrado en el Congreso montado en un autobús.

sábado, 25 de marzo de 2017

Eppur si Murcia

Murcia es una comunidad autónoma uniprovincial. Como La Rioja, Cantabria, Baleares, Asturias, Navarra (foral) o Madrid. Habitualmente se oye hablar poco de ella, salvo por ser patria de algunos de los más pintorescos políticos del PP, como Trillo Pujalte o el inimitable Zaplana todos ellos hombres de moral fenicia. Pero, cuando se oye, se descubre una realidad política tan abigarrada, compleja y veloz como en el resto del país. Murcia es reciamente española.

Se imputa a su presidente, Pedro Antonio Sánchez (PAS) un supuesto delito en uno de esos casos de nombres habitualmente metafóricos, el caso Auditorio, aunque podría ser el caso "picaporte" o "México Lindo"; los hay ya de todo tipo en este partido de apandadores. C's, intransigente con la corrupción, le da tres días para dimitir. Sánchez no dimite y C's anuncia su posible apoyo a una moción de censura "técnica", esto es, limitada en mandato a convocar elecciones. Empujado por Podemos, el PSOE presenta una moción de censura, lo que indica denodado esfuerzo pues el personal pensaba que se le había olvidado cómo se hace eso de oponerse. El PP, siempre en su lucha sin cuartel contra la corrupción, al no poder evitar la moción, pide que se aplace por si PAS, al final fuera desimputado. Y algún barrunto quizá tenga de algo así porque ayer mismo estaba el juez que investiga al presidente murciano del PP de cañas con los miembros de la cúpula de ese mismo PP lo que, como entiende todo el mundo, es algo perfectamente fortuito. No parece así extemporáneo que el expresidente de este imputado partido en el que militan imputados lo abandone acusando a Rajoy de "inacción ante la corrupción". Prudente en su juicio el dimisionario porque Rajoy no se limita a no hacer sino que obstaculiza en lo que puede y hasta pareciera que encubra a los imputados. La moción cuenta con ser admitida a trámite el lunes por la mesa de la cámara y debatida unos días después. El presidente propuesto, González Tovar, PSOE, gobernaría en coalición con Podemos, 19 escaños contra los 22 del PP y los eventuales 4 de C's. Un primer e incierto intento de unidad de la izquierda, algo esquinado si bien prometedor. Pero la clave de que todo este episodio murciano vaya en un sentido o en otro está en C's, un partido con un sentido digamos móvil de los compromisos públicos. La mesa de la cámara está compuesta por 2 miembros del PP, uno de PSOE, otro de Podemos y otro de C's. El voto decisivo es el de C's. Este finde promete ser tormentoso en Murcia. Pero el martes puede amanecer en calma chicha y con PAS felizmente al mando, en tanto espera que lo absuelvan las urnas que en España sirven para todo excepto para que la gente vote en Cataluña.

sábado, 12 de marzo de 2016

El okupa de La Moncloa, se declara en rebeldía

Ya solo le falta decir que gobierna porque le sale de las gónadas, que no le da la gana rendir cuentas a nadie y que, como nos descuidemos, él y la banda de presuntos ladrones que dirige, establecen una dictadura porque sí. Es puro estilo Rajoy el de los sobresueldos, que no sabe ni hablar su propia lengua pero sí retranquearse en la poltrona, marrulleando, mientras sus mandados salen a dar la cara por él.

El jueves fue un petimetre secretario de Estado a anunciar en sede parlamentaria que Mariano Rajoy no piensa comparecer porque, al estar en funciones, no tiene por qué dejarse controlar por este Parlamento. Ayer, viernes, fue la ratita hacendosa, la que, con la sabiduría que da ser abogada del Estado, hiló una sarta de sofismas y patrañas para justificar la rebeldía del gobierno y su manifiesto golpe de Estado al negarse a comparecer en el Congreso. El argumento es el mismo que el del cuentista del jueves: este Parlamento no ha dado su confianza al gobierno y, por tanto, no puede controlarlo. Y, como elemento de peso, añadía que en ninguna Comunidad Autónoma en que se ha dado situación similar se ha controlado parlamentariamente al gobierno saliente y/o en funciones. Como si esos ejemplos quisieran decir algo. Como si el hecho de que en ningún país democrático del mundo un personaje con la ejecutoria de Rajoy podría ser presidente hubiera valido para que tampoco lo fuera aquí

"El Parlamento" decía la acrisolada doctrina constitucional británica, la más sólida y respetable del mundo, "puede hacerlo todo excepto convertir un hombre en una mujer". Y como hoy eso ya es también posible, se sigue de ello que el Parlamento puede hacerlo todo, porque es el órgano supremo de poder del Estado. Por supuesto que puede controlar al gobierno, a cualquier gobierno, esté en funciones o de vacaciones o mangoneo, como está este desde que empezó su tarea de demoler España cuatro años antes. Le basta con dar las órdenes oportunas, incluido el gobierno, que ha de acatarlas y cumplirlas.

El Parlamento hace y deshace la ley, ¿sabe, señora abogada del Estado? Y en nuestro Estado rige el principio del imperio de la ley. Nada por encima de la ley; todo por debajo, incluido su "gobierno en funciones" que, según usted, solo puede ser controlado por los tribunales. Por supuesto, para lo que haga mal penalmente, que también lo habrá. Pero es controlable políticamente también por el Parlamento. Basta con que en este haya, por fin, una oposición digna de ese nombre, una oposición de gente con principios, responsabilidad y determinación, capaz de llamar a capítulo a esta banda de presuntos malhechores sin contemplaciones. Una oposición en serio y no la manga de inútiles acobardados que hubo en la legislatura anterior, capitaneada primero por el reaccionario Rubalcaba y luego por este Sánchez que no se atrevió a rechistar ni a presentar una moción de censura.

Es de esperar que los diputados del PSOE, de Podemos, de C's, pero también los demás, todos los que no sean del PP (incluso deberían sumarse algunos del PP, si tuvieran agallas) reaccionen como manda la costumbre parlamentaria de una democracia digna de ese nombre. Es de esperar que demuestren a este hatajo de sinvergüenzas y pillastres que quiere irse de rositas sin rendir cuentas a nadie quién manda aquí y que no es el hombre de los sobresueldos y sus cuates apandadores sino el Parlamento, depositario de la soberanía nacional y representante de todo el pueblo.

Y ¿saben cómo? Muy sencillo: presentando ahora la moción de censura que la oposición no tuvo valor de presentar en la legislatura anterior. De ese modo y, por decirlo a la pata la llana, se hace una carambola: se compone por fin gobierno para sacar al país del atolladero en que está y nos libramos de esta Mariano Garrapata de una vez. El trámite es muy simple: PSOE, Podemos y C's se ponen de acuerdo en firmar y presentar la moción de censura. El único requisito es proponer un presidente de gobierno que, como es lógico, debe ser Pedro Sánchez. Cinco días más tarde se debate la moción, se gana por mayoría absoluta y Mariano Rajoy tiene que presentar su dimisión al Rey. De esta forma nos ahorramos la agonía de unas negociaciones que, dada la manifiesta falta de competencia de nuestra clase política, es poco probable que lleguen a buen puerto.

jueves, 22 de octubre de 2015

Final de la farsa.


Despedida y cierre de este esperpento. Lo que empezó con un plasma, termina en divertida bronca parlamentaria. Entre medias ríos de mentiras en todas sus manifestaciones, en las políticas adoptadas o no adoptadas, en las estadísticas de todo tipo y condición, en las declaraciones formales e informales y en las respuestas escritas y orales. Todo embuste y embeleco en mitad de un clima de corrupción que supera lo imaginable hasta en una novela que fuera compendio de la picaresca nacional. Empezando por el hecho, absolutamente vergonzoso, de que el presidente cargue los costes de la dependencia de su padre al erario mientras se los niega a la ciudadanía. Cuatro años festoneados de una serie de ridículos internacionales de Rajoy verdaderamente hilarante: aislado en las reuniones internacionales como si tuviera la peste, intentando pescar algo en inglés, paseando con Merkel haciendo como que habla en play back, balbuceando incongruencias en las ruedas de prensa.

Rajoy ha comparecido a cerrar de hecho la legislatura recordando la herencia recibida hace cuatro años y contraponiéndole una España actual recuperada, rozagante y locomotora del mundo desarrollado. Por supuesto, mentira. Como siempre. Mentira que ha tratado de colocar en Bruselas con unos presupuestos no a medida de las necesidades del país sino de las suyas electorales, que es lo único que le importa. Las mentiras ya ni escandalizan. Solo despiertan curiosidad sobre cómo se puede mentir tanto y tan alegremente. Muy sencillo, porque a este gobierno y su presidente la opinión pública no les importa nada.

¿Y a la oposición? Sánchez ha contestado a Rajoy acusándole de mentir y de amparar la corrupción. Pero no de una u otra mentira sino de la mentira sistemática, del embuste como forma de gobierno. Pues sí, efectivamente. Pero no parece que el socialista entienda el alcance de lo que dice. Un gobierno basado en el embuste sistemático es un gobierno que ha degradado el sistema democrático y constitucional español (sea este cierto o fingido) y lo ha convertido en una farsa. Farsas las ruedas de prensa sin preguntas, las apariciones plasmáticas y las asnales doctrinas del presidente mundo adelante de esas de que un plato es un plato y un vaso, un vaso. Farsas las comparecencias posteriores a los consejos de ministros que utilizan estos y la vicepresidenta para atacar a sus adversarios que, por supuesto, no pueden defenderse. Farsas los programas de debates televisados en los que todos vociferan en el mismo sentido. Farsas las relaciones del gobierno con el Poder Judicial en el que interfiere continuamente.

Y, sobre todo, lo que más debiera interesar a Sánchez, farsas las sesiones parlamentarias en las que la oposición no puede hacer literalmente nada salvo aplaudir. Y la oposición ha aplaudido,  transigido, ha tragado durante cuatro años desprecios, ninguneos y humillaciones. Ha claudicado. Ni siquiera ha sido capaz de presentar una moción de censura a un gobierno absolutamente desacreditado e incompetente, sumido en la corrupción.

jueves, 20 de agosto de 2015

La banda de ladrones.

Es incomprensible que la señora que presidió la Comunidad de Madrid mientras actuaba la Púnica siga compareciendo en público y dando lecciones de honradez y preocupación por la gobernanza de las instituciones. La Púnica es una estafa montada, al parecer, por su mano derecha durante muchos años; una estafa de grandes dimensiones e infinitas ramificaciones en la administración pública, de carácter sistemático, empresarial, sin grandes preocupaciones o escrúpulos en cuanto al juicio moral de sus acciones. Un robo a lo grande, prolongado en el tiempo, que se convirtió en el modus operandi de los corruptos del gobierno bajo presidencia de Esperanza Aguirre y del que ella es políticamente responsable. Mientras no se demuestre lo contrario, habrá que aceptar que durante sus años de presidenta no supo nada del saqueo a que su gente sometía a los caudales públicos, no sospechó nada, no se enteró de las mordidas, los cientos de millones de comisiones estafando con los colegios privados, no vio nada. Igual que Ana Mato no veía un Jaguar en su garaje.

Aparte del aspecto directamente delictivo de esta aventura de malhechores y hampones, la Púnica tiene también una interesante faceta de carácter doctrinal. El neoliberalismo, ideológicamente hegemónico hoy, habla del mercado, de la libre competencia, la autorregulación, la iniciativa privada, el valor de las privatizaciones, el riesgo y el juego limpio en igualdad de condiciones, al tiempo que se reduce cuanto se puede el Estado, hasta hacerlo mínimo. Eso era la teoría. La práctica, a la vista está: capitalismo de mafiosos y amiguetes, colusión permanente entre algunas empresas y los cargos políticos de un partido, concursos amañados, sobornos, falta de competencia, captura del Estado para enriquecimiento privado. Su doctrina habla de la libertad de elección tanto de médico como de centro educativo; su práctica revela que esa libertad de elección está basada en la corrupción más absoluta dado que el gobierno, en el fondo, vendía las concesiones porque, en realidad, estas eran un negocio. El negocio de la educación. 

Es incomprensible que el presidente del gobierno y del partido de este y, por tanto, superior jerárquico a Esperanza Aguirre, no la haya destituido fulminantemente, desde el destape de la Púnica. A su vez, es también incomprensible que él mismo siga siendo presidente del gobierno cuando hubiera debido marcharse a su casa por espíritu democrático, al saberse que había cobrado sobresueldos de procedencia dudosa, cuando estalló la Gürtel y, por supuesto, cuando se conocieron los presuntos delitos de Bárcenas a quien él mismo envió un SMS para animarlo, asuntos sobre los que no se privó de mentir en sede parlamentaria.

La corrupción viene a ser como la traca final de una legislatura esperpéntica, con un presidente ausente y silente que solo ha comparecido en plasma. Su gestión consiste en haber disminuido los salarios, precarizado el mercado laboral, empujado a la gente a la migración, abusado de los pensionistas, dejado sin amparo a los dependientes, etc. Y de ahí se supone que procede una recuperación que nadie experimenta en su vida cotidiana, pero que el gobierno, su partido y sus medios de comunicación tienen orden de repetir sin descanso.

El debate sobre si España es o no un país normal, está ya zanjado. Solo queda por determinar cuál es su grado de anormalidad dentro de la más acrisolada tradición de la oligarquía y el caciquismo, con el añadido del clero. Es el gobierno de quienes, según lapsus linguae de Cospedal, han "trabajado mucho para saquear el país". O quizá no sea un lapsus sino un "acto fallido". O no tan fallido.

Es incomprensible que la oposición se tome en serio esta banda de ladrones y juegue a la política parlamentaria con una gente que carece de todo respeto por el Parlamento y los usos democráticos más elementales. Lo dijo al comienzo de la transición uno del PP, que estaba en política para forrarse y hace poco, otro pájaro de esta misma nidada confesaba estar en política del PP para tocarse los cojones y sacarse una pasta. Es imposible entenderse con gente así. Pero es absurdo hacer como si no fuera así, como si cupiera esperar de ella un comportamiento civilizado. Completamente absurdo. De hecho, lo que hace la oposición mayoritaria no merece tal nombre. No se atreve a presentar una moción de censura a un gobierno desprestigiado y sin recursos, concentrado casi exclusivamente en sus cuitas procesales o las de los suyos y se presta a legitimar lo que ya no es sino una farsa.

Ess imposible tomarse en serio una oposición que se toma en serio este gobierno.

martes, 24 de marzo de 2015

Moción de censura a esta tropa.

El juez Ruz ha concluido su instrucción del caso Bárcenas, la caja B, los sobresueldos y otras presuntas mangancias del partido incompatible con la corrupción. Solo se trata de una pieza de ese gigantesco entramado de presunta delincuencia que ha erigido en veinte años el PP. Una construcción tenebrosa, grotesca, casi gótica, como una de esas cárceles imaginarias de Piranesi, pero cuyo descubrimiento ha conmovido el sistema político español. El reino de España reducido a la peripecia personal de un presidente que debió haber dimitido desde el primer día, pero que se ha empeñado en apurar las heces de la copa y hacérselas tragar al conjunto de la sociedad.

De este auto de Ruz seguramente no se derivarán consecuencias jurídicas de importancia dado que el comportamiento más reprobable moralmente, la financiación ilegal, no es delito y muchos otros posibles han prescrito y, de poder juzgar alguno, sería por fraude fiscal. Una situación similar a la de Al Capone en su día.

Pero si, jurídicamente hablando, el auto de Ruz tiene solo un valor informativo, dadas las peculiaridades de nuestro ordenamiento, políticamente es una narración explosiva. El escrito del juez es un relato que podría incorporarse a la gloriosa historia de la literatura picaresca a gran escala. El PP lleva por lo menos 18 años financiándose ilegalmente a través de una caja B o doble contabilidad oculta en la que gestionaba los fondos que recibía sin deber y de los que se nutrían los más diversos cargos, mordidas, chanchullos, comisiones, pagos en negro, sobresueldos. El reino de la corrupción extendida e impune.

El responsable político por partida doble de este quilombo de cimarrones de la ley es Rajoy, como presidente del partido y del gobierno. En cualquier otro país del mundo, un mandatario en esta situación procesal, presidente de un partido al que un juez imputa delitos, hubiera dimitido ya. Aquí, no. Aquí es al revés y es el sospechoso de corrupción el que trata de hacer dimitir a los jueces o que los inhabiliten.

En su célebre comparecencia parlamentaria del 1º de agosto de 2013, que tachonó de mentiras, Rajoy aseguró enfáticamente que en el PP no había caja B. El juez la da por probada. Solo por eso, Rajoy debiera haberse ido. Pero espérense ustedes no pague el juez caro su atrevimiento. No pudo negar los sobresueldos, pero los equiparó a los pluses de productividad de las empresas, lo cual es tan verosímil como comparar el PP con Cáritas. Al no colar lo de los pluses de productividad, los perceptores de sobresueldos en el PP, empezando por Rajoy, callan; no afirman ni deniegan haber estado forrándose. En esa sesión tuvo que admitir la autoría de unos infamantes SMS a Bárcenas ya en la cárcel que revelan un talante de absoluta complicidad.

Y, después de esto, colorín colorado. Ni una explicación más sobre la corrupción que ha seguido creciendo hasta inundarlo todo y ser la segunda preocupación de los españoles. Es lo que Hernando, portavoz parlamentario de esta asociación de sobre-cogedores, llama "haber dado suficientes explicaciones". O sea, ni una. Pero el gobierno se ha dedicado a obstaculizar la acción de la justicia de mil maneras a fin de impedir que se aclaren los hechos. Ha destruido pruebas, demorado su entrega, se ha personado en la causa en posible fraude procesal, ha presionado a los jueces, maniobrado en todas las instancias con el único objetivo de impedir que el presidente se siente en el banquillo y ha embarullado cuanto ha podido. Todo el aparato del Estado al servicio de la defensa procesal del presidente, desde la presidencia del Congreso a la Agencia Tributaria.

Presidente que sigue y seguirá negándose a comparecer en sede parlamentaria o a dar ruedas de prensa abiertas con proguntas libres y no pactadas. La oposición, muy enfadada, casi indignada, anuncia que estrechará el cerco sobre Rajoy y pedirá, como cada martes, su comparecencia que su guardia pretoriana negará en redondo también como cada martes. Bueno, además, se freirá a preguntas al ministro Montoro cuyas andanzas, recientemente descubiertas, darían para un segundo Buscón don Pablos. Hasta es posible que se pida su reprobación. Vale igualmente. Montoro contestará lo que le dé la gana y de reprobación, ni se hablará.

Si la oposición mayoritaria socialista quiere que se la tome en serio, tendrá que hacer algo más consistente que lamentarse sentada en el zaguán de su grupo parlamentario o chivarse a los periodistas de que no la dejan hablar.

Tendrá que presentar una moción de censura, como es su derecho y su obligación en una situación de emergencia crítica, con un gobierno únicamente pendiente de que no lo enchironen.

Palinuro se niega a explicar las ventajas e inconvenientes de la moción de censura. Ya lo hizo en su día. Basta con refrescar. Solo una moción de censura puede clarificar la situación y devolver al electorado la confianza de que hay un recambio. Es el momento de Sánchez para consolidar su posición. Puede aprovechar las sinergias de la victoria de su partido en Andalucía, en donde ha derrotado rotundamente al del gobierno y ha detenido el avance de los novísimos que se han limitado a destrozar el huerto de la familia.

Permítase por un momento a Palinuro interpretar uno de los papeles dramáticos más impresionantes, el de Lady Macbeth cuando le dice a su marido: ¿No te atreves a hacer lo que deseas? Y escúchese si Sánchez responde, como Macbeth: Me atrevo a lo que deba atreverse un hombre. Quien se atreva a más, no lo es.

miércoles, 25 de febrero de 2015

Rajoy pierde los nervios.

Con razón no quiere ir Rajoy al Parlamento ni arrastrado. El hombre que iba a "dar la cara" es el que menos cara ha dado en la legislatura y parte en plasma. Quisiera ser el hombre invisible. Solo acude al Congreso cuando no tiene más remedio y trata de condicionar su comparecencia a que se hable de lo que le interesa y se silencie lo que le desagrada. Así lo hizo ayer. Fue a soltar una arenga triunfalista sobre la crisis y callar sobre la corrupción. La arenga, la habitual sarta de mentiras y medias verdades, como ha demostrado fehacientemente Ignacio Escolar. A la corrupción dedicó dos minutos, como si no existiera, el mismo día en que se sabe que tienen a unos cuantos jueces cobrando primas del gobierno por asesorías de muy discutida naturaleza.

Lo de los tres millones de puestos de trabajo que van a crear, además de los tres millones que anunciaba en su día Pons (¿o son los mismos, como los soldados de la película de la venganza de don Mendo?), lo repetirá hoy la Brunete mediática, convertida en orfeón nacional. El mensaje implícito es: en los próximos cuatro años porque el debate de ayer fue el primer mitin de la campaña de marzo-mayo-septiembre-noviembre. El señor Hernando predicó por todas las emisoras la nueva de que el gobierno del PP ha salvado el Estado del bienestar in extremis de unos socialistas enloquecidos que malgastan el dinero en subvenciones para buscar no sé sabe qué padres.

El silencio sobre la corrupción se encontró de pronto con un sonoro muro de acusaciones. La oposición en pleno no hizo sino hablar de ella. Y eso descompuso a Rajoy. Cuando Sánchez le dijo que su nombre estaba ligado al de Bárcenas (ese que él no pronuncia nunca) ya saltó, perdió los estribos y empezó a faltar al respeto en ese tono despreciativo, arrogante, de perdonavidas que lo retrata. Hizo muy bien el socialista en reiterar su acusación de corrupción y precisarla. De las trolas sobre la recuperación ya se había encargado antes, demostrando que sí hubo el rescate que Rajoy niega y aportando dos datos aterradores que este gobierno oculta celosamente: que han saqueado el fondo de las pensiones y han llevado la deuda a donde empieza a ser imposible pagarla. Escalofriantes por la pura incompetencia. Pero el asunto grave, el decisivo, es la corrupción. Y, en efecto, en su segunda réplica, Rajoy ya empezó a insultar directamente. Claro, porque es lo que verdaderamente le preocupa.

Su respuesta fue un estentóreo ¡y tú más!. Sí, muy bien, que los socialistas arreglen su casa. Pero aquí, ahora, se habla del gobierno, de la corrupción, de la Gürtel, de Bárcenas. Es muy sencillo: el presidente debe explicar en sede parlamentaria si cobró o no sobresueldos, por cuánto, a cuénta de qué, procedentes de dónde; si se pagó sus trajes y sus viajes o los pagó la Gürtel, según dice Bárcenas; si el partido se financió ilegalmente; si las reformas de las sedes se pagaron en A o en B; si sus ministros se costeaban los confetti; si los jueces cobran o no sobresueldos.

Tiene mucho que explicar. En realidad, todo. Es incomprensible que sea presidente del gobierno un personaje tan inexplicable como inexplicado. El resto de la oposición interpretó melodía similar: la recuperación es falsa y lo que hay es desmantelamiento del Estado social y democrático de derecho y corrupción. Garzón estuvo muy bien. Brillante. Con verbo incisivo y directo. Rajoy no sabe lo que pasa en la calle; su país solo existe en su cabeza. En opinión de Palinuro, ni en su cabeza, pero ese es otro asunto. En lo del país imaginario coinciden todos los políticos: Rajoy vive en Neverland, para ponerme a tono con el tic-tac de Podemos. Lo único que me chirría del parlamento de Garzón es su insistencia en atribuir culpa a un sujeto colectivo imaginario que llama "el bipartidismo". El "bipartidismo" nos ha traído aquí. Al margen de las consideraciones lógicas del enunciado, las políticas son obvias y, a juicio de Palinuro, erróneas pues la fórmula, en realidad, es otro modo de atacar al PSOE haciéndolo igual al PP, reiterando eso de PPPSOE. Ya cansa un poco esta pequeña infamia. No por lo que tiene de infamia, sino de tonta. Porque si el enemigo es el PPPSOE, ¿acaso no es lo más inteligente dividirlos y enfrentarlos entre sí?

El señor Duran i Lleida, como siempre, pasó caballeroso por el hecho de que Rajoy dedicara menos tiempo a Cataluña que a la corrupción y ese tiempo, para proclamar España "una, grande, libre". En su tono paternalista, el catalán le avisó por enésima vez de lo que se le viene encima en el Principado, pero si ser muy específico porque tampoco él lo sabe.

Coscubiela, de cine. Palinuro es fan del catalán. La señora Villalobos, en un descanso del videojuego, le reprendió por emplear la expresión "capo de la mafia" dirigida a Bárcenas. No anduvo Coscubiela veloz. Debía haberle respondido que obviamente, el "capo de la mafia" es otro.

Por último, la intervención de Rosa Díez, una vuelta más de tuerca a la corrupción, pero con una contundencia de antiguo tribuno. La líder de UPyD dijo al presidente que debía haber dimitido en cuanto se supo que había caja B. O algo así. Ciertamente, es lo que habría pasado en cualquier país democrático del mundo. Es mucha señora la señora Díez y una pena que, a juicio de Palinuro, se equivocara fundando ese partido cuyos días parecen contados.

El debate sobre el estado de la nación, en realidad, es sobre el estado de la corrupción. Esta no empieza y acaba en el fraude de los dineros públicos, sino que tiene ramificaciones inevitables en la corrupción de las instituciones públicas de todo tipo. Si las declaraciones y manifestaciones del gobierno son falsas, engañosas, si manipulan los datos y falsean las estadísticas, todo el discurso público está corrupto y es absolutamente inservible. Una de las corrupciones más claras es la del Parlamento. Este no es órgano de control del gobierno, sino ratificador de sus decisiones. 64 decretos-leyes ha dictado el gobierno en tres años, dijo Sánchez. Esto ya no tiene nada que ver con una democracia. Es un insulto a las instituciones y, a través de ellas, a la ciudadanía, se gobierna de forma autoritaria y despótica.

Hoy continúa el debate e intervendrán los diputados catalanistas o sea, no rasquen ustedes mucho, la antiespaña. Los representantes de las tribus bárbaras que dicen no ser españolas. Cuando Cataluña es parte esencial de España. Véase la corrupción institucional durante los 23 años del pujolato.

Ahí es donde la oposición debe incidir en su deber de control del gobierno. En la corrupción. Ese debe ser el tema monográfico de una moción de censura. De eso es de lo que los ciudadanos están esperando aclaraciones: de los sobresueldos, los trajes, el confetti, la Gürtel, Bárcenas, el contubernio levantino, la Caja Madrid, Blesa y el soldado Rato. Por citar solamente los episodios más relevantes. La oposición no puede negar el martes/miércoles al gobierno capacidad y legitimidad y reconocérselas sin más el jueves.

Tiene que censurarlo.